Energía y sociedad, Política energética

Las II Jornadas Geopolíticas del IEEE: un foro para entender el nuevo orden internacional

Entender la geopolítica actual exige mirar más allá de los mapas y los ejércitos: la energía, las materias primas estratégicas y las cadenas de suministro se han convertido en factores centrales del poder entre Estados. Esa fue una de las ideas fuerza de las II Jornadas Geopolíticas del IEEE, celebradas en La Granja de San Ildefonso (Segovia) del 26 al 28 de mayo de 2026, un foro que reunió a especialistas para analizar el orden internacional en transición.

En este artículo repasamos las principales conclusiones de esas jornadas, con foco en la geopolítica de la energía, la seguridad energética y la autonomía estratégica, y en qué oportunidad se abre para España dentro de la situación geopolítica actual.

Las II Jornadas Geopolíticas del IEEE

Organizadas por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), las II Jornadas Geopolíticas se plantearon como un espacio de reflexión sobre los ejes que definen la transición del orden internacional: poder y recursos estratégicos, energía, cadenas de suministro, recursos críticos, arquitectura de seguridad, el vínculo euroatlántico y los conflictos interconectados.

Bajo la regla de Chatham House, las mesas de trabajo buscaron convertir la incertidumbre en agenda y el diagnóstico en prioridades. Este análisis se centra en la primera mesa, dedicada a la geopolítica de los bienes estratégicos, por ser la que conecta de forma más directa la geopolítica actual con la política energética.

¿Qué caracteriza a la geopolítica actual según las Jornadas del IEEE?

Las Jornadas dibujaron una geopolítica actual marcada por la incertidumbre y por grandes transformaciones. El panorama mundial de la energía atraviesa un momento de vulnerabilidades derivadas de la globalización, de los conflictos geopolíticos y de las tensiones en torno a los compromisos climáticos.

Del optimismo de la globalización a la competencia entre potencias

Durante años predominó la visión de que la globalización garantizaba mercados energéticos eficientes y estables. Los acontecimientos recientes han demostrado lo contrario: las cadenas de suministro energéticas pueden alterarse de forma abrupta por conflictos, sanciones, tensiones geopolíticas o decisiones soberanas de terceros países. La energía ha recuperado así un papel central en las relaciones internacionales, en un contexto de creciente competencia entre potencias como China, Estados Unidos y la Unión Europea.

Una concepción más amplia de la seguridad

La seguridad energética ya no consiste solo en disponer de recursos suficientes, sino en garantizar el acceso en condiciones competitivas y estables. En 2025 ese concepto se amplía e incluye la resiliencia del sector energético —y muy especialmente de las redes eléctricas—, el almacenamiento de energía, los minerales críticos, la ciberseguridad, las capacidades industriales y el control de las cadenas de suministro.

La interconexión entre conflictos, economía y energía

Uno de los mensajes más repetidos fue que la dependencia energética puede convertirse en un factor de debilidad estructural para cualquier economía avanzada. Las crisis internacionales han evidenciado que disponer de energía asequible y segura es un requisito indispensable para la prosperidad económica, la estabilidad social y la capacidad de actuación estratégica de los Estados. Conflictos, economía y energía quedan así estrechamente entrelazados en la situación geopolítica actual.

La geopolítica de los bienes estratégicos: la mesa sobre energía, recursos críticos y cadenas de suministro

La primera mesa de las Jornadas abordó la geopolítica de la energía a partir de las intervenciones de Cristina Rivero, Directora General del Club Español de la Energía, y de Francisco Calleja, Director de Regulación de Iberdrola España, seguidas de un debate entre los participantes.

La energía deja de ser solo un mercado y se convierte en soberanía

La idea central del debate fue que la energía debe analizarse simultáneamente desde la seguridad, la competitividad, la sostenibilidad y la autonomía estratégica. Cualquier política energética que ignore alguna de estas dimensiones corre el riesgo de generar vulnerabilidades económicas, industriales o geopolíticas. La energía deja de ser únicamente un mercado para convertirse en un elemento fundamental de soberanía, lo que vuelve a situar la seguridad de suministro energético en el centro de la agenda estratégica.

El trilema energético se vuelve más complejo

Hasta 2019 los países buscaban equilibrar el trilema energético: seguridad de suministro, equidad (acceso y precios asequibles) y sostenibilidad ambiental. Con la pandemia y la guerra de Ucrania, las prioridades cambiaron y la seguridad energética pasó a centrar el debate, con nuevas preocupaciones como la dependencia exterior, la volatilidad de precios o la fragilidad de las cadenas de suministro. En 2025 el trilema se complica aún más: la equidad incorpora la pobreza energética, el impacto social y la competitividad industrial, y la sostenibilidad deja de verse como un eje aislado. La transición energética deja de ser solo un desafío climático para convertirse también en un desafío geopolítico, industrial y social.

Europa busca compatibilizar descarbonización y competitividad

La Unión Europea publicó en 2019 el Pacto Verde con el objetivo de ser climáticamente neutra en 2050. La avalancha de regulación —lo que se llegó a denominar «tsunami y fatiga regulatoria»— llevó a más de 700 organizaciones industriales, en la Declaración de Amberes, a pedir que se pusiera el foco también en la competitividad y no solo en lo ambiental. Como respuesta, la UE ha impulsado herramientas como la Brújula de la Competitividad o el Clean Industrial Deal, con un enfoque Made in Europe orientado a la industria y las cadenas de valor.

Minerales críticos y cadenas de suministro: las nuevas dependencias de la transición energética

Uno de los focos de la mesa fue la preocupación por la alta dependencia de materias primas estratégicas necesarias para la transición energética, y por cómo esa dependencia se ha convertido en un factor de riesgo geopolítico.

Por qué los minerales críticos son un factor geopolítico

La dependencia de los materiales críticos es distinta a la de los combustibles fósiles: la interrupción de un combustible tiene un impacto inmediato, mientras que la falta de minerales críticos no impide que la infraestructura existente —coches, plantas fotovoltaicas, eólicas, hidroeléctricas o la red— siga funcionando. Aun así, en las Jornadas se subrayó que este suministro hay que atenderlo, diversificarlo y explorar las posibilidades de España, porque las tecnologías de la transición no pueden fabricarse sin ellos.

La dependencia no se limita a la extracción

Se advirtió de que el problema no está solo en los yacimientos, sino sobre todo en el refinado. La UE necesita, por seguridad, disponer de sistemas de refinado de materiales críticos y no depender únicamente de la extracción. El caso de la energía solar fotovoltaica es ilustrativo: Europa avanza en su despliegue sin controlar eslabones clave de la cadena de valor, como el polisilicio purificado, las obleas, las células o los paneles.

El peso de China en las cadenas de valor

La vulnerabilidad se agrava por el dominio de China en las cadenas de suministro de minerales críticos, que puede emplearse como arma geopolítica. Muchas de las tecnologías esenciales para la electrificación —baterías, paneles solares, componentes electrónicos o vehículos eléctricos— están dominadas por actores industriales externos a Europa, lo que plantea nuevas dependencias estratégicas que deben gestionarse con cuidado.

Diversificación, industria y reciclaje

La conclusión principal fue que Europa debe reforzar sus capacidades industriales propias y diversificar el acceso a materiales críticos, evitando sustituir unas dependencias por otras (reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados para depender de la tecnología de terceros países). El reciclaje de materiales críticos aún está empezando, porque la vida útil de baterías y vehículos apenas comienza a agotarse, pero abrirá posibilidades reales de reutilización de componentes para fabricar nuevos equipos. Informes internacionales como el de la Agencia Internacional de la Energía sobre los riesgos de suministro de minerales críticos confirman la magnitud del reto.

España ante la geopolítica actual de la energía

España ocupa una posición singular en la geopolítica actual de la energía: a diferencia de otros países, no percibe una crisis de escasez, gracias a su gran potencial renovable y a su capacidad de regasificación. Sus preocupaciones son otras: el acceso de la demanda a las redes eléctricas, la flexibilidad del sistema y el coste eléctrico y su impacto en la competitividad.

Una oportunidad energética para España

Con la transición energética, España tiene una oportunidad histórica para repensar su modelo y afrontar los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. Cuenta con disponibilidad de renovables, precios competitivos, talento y empresas punteras. De hecho, el 80% de su producción eléctrica es autóctona —eólica, solar, nuclear e hidroeléctrica— y solo un 20% depende del gas, lo que sitúa a España, Portugal y Francia entre los precios eléctricos más bajos de Europa lo cual supone una ventaja competitiva con respecto a otros países del entorno. Aprovechar esta ventaja exige un enfoque de «proyecto país».

Producir electricidad renovable no es suficiente

En las Jornadas se subrayó una distinción clave: España ha avanzado en producir electricidad de forma autóctona, pero no en electrificar su economía. La electricidad sigue siendo solo el 25% de la energía final consumida, de modo que, mientras ese peso no aumente, la dependencia energética de España seguirá siendo similar. Avanzar en la electrificación industrial es, por tanto, decisivo para reducir vulnerabilidades y ganar competitividad.

Las redes eléctricas como infraestructura estratégica

Uno de los grandes cuellos de botella son las redes eléctricas. Las peticiones de conexión se han multiplicado por diez en cinco años —industrias, viviendas, centros de datos, vehículos eléctricos—, pero la capacidad de acceso a la red eléctrica es deficitaria. Se llega a rechazar nueve de cada diez solicitudes de acceso, y por la falta de redes se desperdicia a diario energía suficiente para abastecer a diez millones de viviendas. Cada «no» es una oportunidad perdida de inversión y de seguridad energética.

Fiscalidad, regulación y colaboración público-privada

Otro freno es la fiscalidad: en España la electricidad soporta siete veces más impuestos que el gas importado, lo que dificulta la sustitución de combustibles fósiles por electricidad en usos como el calor o la movilidad. Las Jornadas reclamaron un plan de redes, un plan fiscal con una fiscalidad homogénea entre energías y un plan de electrificación con anticipación y seguridad de suministro, además de elevar la colaboración público-privada a un nivel mucho más eficaz.

El debate sobre la energía nuclear y el equilibrio del mix

El debate abordó también la energía nuclear. Hubo una postura mayoritariamente favorable a prolongar la vida útil de las centrales existentes, siempre que se cumplan las condiciones de seguridad, como se hace en Estados Unidos y Francia. Se advirtió de que cerrar la nuclear reduciría en quince años la autonomía energética del sector eléctrico —del 82% al 62% de producción nacional— y volvería a exponer los precios al gas. También se valoró el interés estratégico europeo de mantener capacidad tecnológica nuclear propia frente al dominio ruso y chino, y el papel de los pequeños reactores modulares para abastecer, por ejemplo, a los centros de datos.

Qué conclusiones dejan las II Jornadas Geopolíticas para la política energética

La mesa concluyó con una visión ampliamente compartida: la energía es uno de los factores determinantes de la prosperidad económica, la competitividad industrial, la soberanía nacional y la estabilidad geopolítica del siglo XXI.

La transición energética también es una política de seguridad

La transición energética no es solo un desafío climático, sino también una política de seguridad. La autonomía estratégica, la diversificación de proveedores y la resiliencia de las infraestructuras críticas vuelven a ser prioridades para reducir vulnerabilidades ante un entorno internacional inestable.

La competitividad depende de infraestructuras y capacidad industrial

Sin redes eléctricas suficientes, sin capacidad de refinado de materiales críticos y sin una industria propia, la ventaja competitiva de una energía limpia y barata no llega a la economía real. La competitividad industrial depende tanto de las infraestructuras como de la capacidad de fabricar las tecnologías de la transición.

Europa necesita una estrategia energética más coordinada

Se advirtió de una desunión sin precedentes entre Estados miembros y asociaciones industriales, que dificulta una estrategia energética común. El desafío europeo es compatibilizar los objetivos climáticos con las exigencias de seguridad, autonomía estratégica y competitividad, desde una perspectiva más pragmática y orientada a resultados.

España tiene una oportunidad, pero necesita ejecutarla

España dispone de una oportunidad excepcional por sus recursos renovables, su infraestructura energética y su generación autóctona. Aprovecharla plenamente exige actuar sobre las redes eléctricas, la fiscalidad, la electrificación, la planificación industrial y la preservación de un mix energético equilibrado. La oportunidad existe; el reto es ejecutarla.

Preguntas frecuentes sobre la geopolítica actual y la energía

¿Qué son las Jornadas Geopolíticas del IEEE?

Son un foro organizado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) para analizar el nuevo orden internacional. En su segunda edición, celebrada en La Granja de San Ildefonso (Segovia) en mayo de 2026, reunieron a especialistas en mesas de trabajo sobre energía, recursos estratégicos, defensa y conflictos interconectados, con el objetivo de convertir la incertidumbre de la situación geopolítica actual en prioridades de actuación.

¿Por qué la energía es importante para entender la geopolítica actual?

Porque la energía ha dejado de ser solo un mercado para convertirse en un elemento de soberanía. En la geopolítica actual, las cadenas de suministro energéticas pueden alterarse por conflictos, sanciones o decisiones soberanas de terceros países, de modo que la seguridad energética y la dependencia energética condicionan directamente la capacidad estratégica de los Estados.

¿Qué papel tienen los minerales críticos en la transición energética?

Los minerales críticos son imprescindibles para fabricar baterías, paneles solares, aerogeneradores y vehículos eléctricos. Su suministro está dominado por China, lo que genera nuevas dependencias estratégicas. Por eso las Jornadas insistieron en diversificar proveedores, desarrollar capacidad de refinado propia y avanzar en el reciclaje de estas materias primas estratégicas.

¿Qué oportunidad tiene España en el nuevo escenario energético?

España tiene una oportunidad histórica gracias a su potencial renovable, su generación autóctona y sus precios competitivos. Para aprovecharla necesita reforzar las redes eléctricas, avanzar en la electrificación de su economía, ajustar la fiscalidad para no beneficiar a las energías importadas y mantener un mix energético equilibrado, de forma que su ventaja competitiva se traduzca en competitividad industrial y mayor autonomía estratégica.

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