Eficiencia económica, Energía y sociedad, Política energética, Seguridad de suministro

¿Es España energéticamente independiente?

La dependencia energética es la cantidad de energía que se necesita importar para satisfacer la demanda. En la práctica, un país suele considerarse más o menos dependiente según la cantidad de energía que necesite importar de terceros países para cubrir su consumo y también según su capacidad de resistir interrupciones externas a través de diversificación de proveedores, interconexiones, almacenamiento o reservas estratégicas.

Esta dependencia, además, se mide sobre energía primaria total –que incluye transporte, industria, calefacción, etc.–, donde el peso de los combustibles importados sigue siendo alto. En los últimos años se ha llevado a cabo un esfuerzo en reducir una situación que refleja una vulnerabilidad sistémica, aunque también una gran oportunidad tanto a nivel económico, como de soberanía.

¿Por qué es un riesgo depender energéticamente de terceros países? Son muchas las vulnerabilidades que se desprenden de esta circunstancia: tensiones internacionales crecientes, sectores cada vez más demandantes de energía, cuellos de botella, problemas de almacenamiento o capacidad de respuesta frente a posibles apagones, entre otras.

España es muy dependiente de terceros países porque no produce gas ni petróleo y todavía tiene un algo consumo de estos vectores energéticos especialmente en el transporte, calefacción e industrial. Una forma de ser más independiente es electrificar los consumos y dejar de consumir gas, gasolina o fuel.

Tal y como recoge el Balance Energético de España publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la dependencia de España se situó en el 68,4% en 2024. Es decir, casi siete de cada diez unidades de energía primaria consumida procedieron, netamente, del exterior. La contribución de las energías renovables es inferior al 20% del consumo final, aunque representan casi el 83% de la producción eléctrica si consideramos también la energía nuclear.

A pesar de que ha reducido su dependencia en los últimos años, España aún sigue necesitando importar grandes volúmenes de petróleo y gas, que representan el 97% de las importaciones energéticas de España, según el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa. Si comparamos estos datos con otros países de nuestro entorno, la cifra es de diez puntos porcentuales más respecto a la media comunitaria (58,4%), según Eurostat. Lo que demuestra que el nivel de dependencia se sitúa a un nivel elevado respecto al conjunto de la Unión Europea.

¿De qué depende España? Petróleo y gas siguen a la cabeza

El Balance Energético de 2024 refleja que el consumo de energía primaria en España fue de 117.727 ktep, y detalla el peso de las principales fuentes: los productos petrolíferos aportaron 54.784 ktep y el gas natural 24.065 ktep, lo que supone el 46% y el 20% respectivamente del total consumido. Mientras que los productos petrolíferos incrementaron su participación un 5,6%, el gas natural redujo su aportación un 4,6% y el carbón un 10,8%.

La participación de las renovables en la estructura energética primaria aporta datos positivos, ya que las renovables crecieron con fuerza hasta 24.480 ktep, lo que supone un crecimiento de más del 19%, respecto al periodo anterior. En cuanto a las importaciones, los productos petrolíferos son mayoritarias, con casi el 80%, seguido por el gas natural, con más del 16%, según el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.

Electricidad: grandes avances que no equivalen a una independencia total

España es cada vez más autosuficiente en energía eléctrica producida dentro del país, pero eso no elimina la dependencia externa, ya que el saldo neto importador de este tipo de energía sigue siendo negativo. Aunque hay algunos datos alentadores, que podrían incrementarse con la suficiente planificación e inversión.

Por ejemplo, Red Eléctrica (Redeia) reporta que en 2024 la generación renovable alcanzó el 56,8% del mix eléctrico, con cifras récord de producción en términos globales, con un 76,8% de energía libre de emisiones –si se suman renovables y nuclear–. Además, la propia Red Eléctrica destaca el papel del almacenamiento, bombeo y baterías. En 2024, España contaba con 3.356 MW de potencia instalada de almacenamiento, un elemento clave para integrar renovables. Según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) el objetivo es alcanzar los 22.500 MW de almacenamiento en 2030.

¿Por qué es estratégico la independencia energética y qué oportunidades ofrece?

Reducir la dependencia de los combustibles importados generaría seguridad y estabilidad energética, ya que disminuiría la exposición a la volatilidad de los precios o posibles crisis de suministro. Pero a nivel de soberanía económica, los efectos serían mucho más evidentes. Desarrollar fuentes de energía propias y renovables permitiría reducir el déficit –más de 30.000 millones de euros en 2024–, reforzar la autonomía nacional y generar miles de empleos.

Por ello, es necesario cambiar la forma en la que se consume energía, reducir el consumo de combustibles fósiles y aumentar el consumo de energía generada con recursos autóctonos como las renovables. No obstante, para que esto sea posible y para que esa energía renovable llegue a los puntos de consumo como industrias, nuevas viviendas, puertos, centros de datos… se necesitan redes eléctricas capaces de dar acceso en la cantidad y momento en que lo solicita la demanda.

Varios informes ponen de manifiesto la necesidad de invertir en redes eléctricas:

  • Morgan Stanley señala que “España puede ser un hub industrial pero la red eléctrica es el limitante, la regulación y tasa desincentivan inversiones”
  • BBVA “Las redes eléctricas se han convertido en la restricción determinante de la transición energética, actúan como cuellos de botella económicos y regulatorios para la descarbonización” Global | La hora de la red eléctrica | BBVA Research

Si las inversiones industriales no se realizan en España por falta de red se irán a otros países del entorno perdiendo así una oportunidad económica y de generar riqueza y empleo en el país.

 

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