El acceso a la energía es un pilar básico para el desarrollo económico y para la calidad de vida de las personas. En los países desarrollados, en los que el acceso a la electricidad está garantizado, los desafíos del sector tienen que ver con la calidad, coste e impacto ambiental de esta energía.
Los tradicionales modelos de intervención pública para la garantía de un servicio básico para la población, han sido sustituidos en determinados países por los modelos de mercado en aquellas partes de la cadena de valor donde se considera que de esta manera se aumenta la eficiencia, dando un mayor protagonismo a las empresas del sector. Podría entenderse que el mercado del sector eléctrico en España es un ejemplo de relación entre las empresas, la administración pública y los consumidores, que persigue dar respuesta a las necesidades de la sociedad para el acceso a la energía.
Asimismo, es necesario destacar el importante papel que juega la energía en el fomento del desarrollo sostenible en los tres campos del desarrollo sostenible: social, económico y ambiental, que implica, a su vez, el reconocimiento de que el sector de la energía posee una importancia fundamental para el desarrollo de los países.
Todos estos cambios están reconfigurando el papel de los tres sectores económicos (sector público, sector privado y el tercer sector) en el nuevo modelo postindustrial.
La necesidad de hacer compatible el desarrollo económico con el desarrollo social y ambiental se hace cada vez más patente, no sólo para las administraciones públicas y la sociedad civil, sino también para las empresas. Asimismo, cada vez parece más clara la relación entre una gestión sostenible desde el triple punto de vista económico, social y ambiental y la creación de valor a largo plazo. El objetivo de esta nota es introducir el concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en el contexto de las organizaciones del sector energético, así como presentar algunos instrumentos de la RSE de especial interés en este ámbito, como son las Alianzas Público-Privadas.
En las sociedades modernas, la energía se ha convertido en un bien esencial. Es por ello que los gobiernos prestan una atención especial a todo lo relativo al suministro energético.
La pregunta fundamental que se plantea en la regulación de los sectores energéticos es: ¿cómo puede contribuir la regulación de los sectores energéticos a la maximización del bienestar social? O, dicho de otro modo, ¿qué principios deben guiar la actuación de los reguladores energéticos para que dicha actuación sea compatible con la maximización del bienestar social?. Además, en esta ficha se analiza el papel de la energía en la sociedad y cómo asegurar un funcionamiento eficiente del sector.
Las decisiones de la Comisión Europea relativas al sector energético se están centrando en la creación de un mercado liberalizado y único para la Unión Europea. Por su parte, el gobierno español ha coincidido en la importancia de la liberalización y ha optado por ir por delante de estas obligaciones, con el resultado de que España tiene en la actualidad uno de los mercados eléctricos más abiertos y transparentes del mundo. Al abrir los mercados energéticos europeos a la competencia, sus ciudadanos e industrias se han beneficiado de más opciones de elección, más competencia para mantener los precios bajos, un mejor servicio y una mayor seguridad del suministro.
No obstante, liberalizar no es incompatible con la existencia de mecanismos de protección de los consumidores de electricidad y de gas natural. De hecho, el proceso de liberalización y apertura de los mercados energéticos europeos se ha completado con una serie de medidas destinadas a asegurar que estos mercados funcionen de forma eficiente y coherente con la maximización del bienestar social, introduciendo los mecanismos necesarios para garantizar una adecuada protección al consumidor.
El sector eléctrico es un sector significativo dentro de la economía española, no solo por su aportación directa sino por su carácter esencial, casi insustituible, para hogares y otros sectores productivos.
Las decisiones de la Comisión Europea relativas al sector energético se están centrado en la creación de un mercado liberalizado y único para la Unión Europea. Por su parte, el gobierno español ha coincidido en la importancia de la liberalización y ha optado por ir por delante de estas obligaciones, con el resultado de que España tiene en la actualidad uno de los mercados eléctricos más abiertos y transparentes del mundo. Al abrir los mercados energéticos europeos a la competencia, sus ciudadanos e industrias se han beneficiado de más opciones de elección, más competencia para mantener los precios bajos, un mejor servicio y una mayor seguridad del suministro.
No obstante, liberalizar no es incompatible con la existencia de mecanismos de protección de los consumidores de electricidad y de gas natural. De hecho, el proceso de liberalización y apertura de los mercados energéticos europeos se ha completado con una serie de medidas destinadas a asegurar que estos mercados funcionen de forma eficiente y coherente con la maximización del bienestar social, introduciendo los mecanismos necesarios para garantizar una adecuada protección al consumidor.
Tradicionalmente, el sector energético, caracterizado por fuertes economías de escala, era un claro ejemplo de monopolio natural y como tal se organizaban todas sus actividades. Sin embargo, desarrollos tanto tecnológicos como teóricos cambiaron esta caracterización, haciendo posible la competencia en un mercado para algunas de sus actividades (en electricidad, la generación y comercialización). Así, a finales de los 80 dieron comienzo los procesos de liberalización en Europa, sustituyéndose la organización centralizada por una basada en las ofertas presentadas por los agentes en un mercado.
En esta ficha se describe el proceso de liberalización (incluyendo sus motores de cambio), y se detallan los beneficios y dificultades del mismo.
El modelo energético actual plantea importantes retos en materia de seguridad de suministro, competitividad y cambio climático.
Las soluciones al modelo pasan por reducir la dependencia de la economía de los combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo que existen dos grandes bloques de medidas: de demanda y de oferta. Las primeras consisten fundamentalmente en ahorrar energía en todos los ámbitos de la economía (climatización, transporte, iluminación,…). Las segundas, suponen la creciente implantación de tecnologías bajas en emisiones de CO2 o no emisoras, siendo predominantes las actuaciones encaminadas a fomentar las energías renovables, la energía nuclear y la captura y almacenamiento de CO2.
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