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1.6. Insostenibilidad del sistema energético y vías de solución

Criterios para la sostenibilidad del sector energético y modelo de energético actual. En general, un modelo energético sostenible sería aquel caracterizado por unos patrones de producción y consumo que compatibilizaran el desarrollo económico, social y ambiental, satisfaciendo las necesidades energéticas de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades. Para que ello sea posible, el modelo energético debe tener en cuenta tres elementos básicos:

  • Seguridad energética: debe garantizar la continuidad del suministro a precios razonables para los consumidores.
  • Competitividad: o debe suponer un peligro para la competitividad de la economía, y su crecimiento.
  • Sostenibilidad ambiental: la producción y el consumo de energía no deben suponer un impacto inasumible  para el entorno. Dentro de este ámbito, el sector energético, como responsable del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero, debe jugar un papel muy importante en la lucha contra el cambio climático.

Figura 1‑8. Elementos básicos para la sostenibilidad del sector energético.
Fuente: Elaboración propia.

El modelo energético actual se caracteriza por un crecimiento constante del consumo energético, basado en recursos finitos, principalmente combustibles fósiles.

Según las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda de energía primaria mundial crecerá en el escenario de referencia[46] un 30% hasta el año 2040, manteniéndose un peso importante de los combustibles fósiles sobre el consumo total, de forma que carbón, gas natural y petróleo representarán el 80% de la energía consumida en 2040 como se puede ver en la Figura 1‑9.

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Figura 1‑9. Evolución del consumo mundial de energía primaria en el escenario de referencia.
Fuente: BP Energy Outlook 2017.

La insostenibilidad económica, ambiental y social del modelo energético global se pone de manifiesto por sus propios elementos característicos.

En cuanto a la insostenibilidad económica, es destacable que una economía basada en el consumo de recursos energéticos fósiles finitos (gas, carbón y petróleo) verá comprometida su competitividad ante el previsible crecimiento tendencial que experimentarán los precios de las materias primas energéticas. Además, como se aprecia en la Figura 1‑10, el crecimiento de los precios del petróleo se podrá ver mitigado por la aplicación de políticas ambientales orientadas a alcanzar el escenario 450 ppm[45] (que contempla importantes medidas adicionales para limitar el incremento de la temperatura a 2o C).

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Figura 1‑10. Evolución prevista de la demanda de petróleo en miles de barriles por día y de los precios del petróleo en dólares por barril.
Fuente: World Energy Outlook 2015. Agencia Internacional de la Energía.

Por otro lado, en el caso de las economías fuertemente dependientes del exterior para cubrir sus necesidades energéticas, al riesgo de precio derivado de la evolución de los precios energéticos, se añade el de interrupción del suministro ante eventuales situaciones de diversa índole. Un ejemplo de ello fue la interrupción de suministro de gas ruso en enero de 2008, que afectó a varios países de la Unión Europea, producido por un conflicto entre Rusia y Ucrania (ver Seguridad de suministro).

Por el lado de la sostenibilidad ambiental, la evolución del consumo energético del escenario de referencia implica un incremento de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) muy superior al necesario para limitar el incremento de la temperatura global a 2o C. En este sentido, existe un consenso generalizado a nivel internacional – basado en el análisis del IPCC[47] en la necesidad de reducir las emisiones globales al menos un 50% en 2050 frente a los niveles de 1990 para evitar un incremento de temperatura superior al mencionado (ver Cambio climático a futuro y el sector eléctrico).

Desde el punto de vista social, el modelo energético vigente no permite el acceso a formas avanzadas de energía (principalmente electricidad) a 2.000 millones de personas (ver Responsabilidad social empresarial (RSE) y energía), con las implicaciones negativas que ello tiene en términos de desarrollo humano y potencial de crecimiento económico futuro tal como muestra la Tabla 1‑3.

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Tabla 1‑3. Principales elementos característicos del modelo energético actual. 
Fuente: Elaboración propia

En definitiva, la insostenibilidad del modelo hace necesario la puesta en marcha con celeridad de medidas que conlleven una profunda transformación del modelo energético.

Soluciones ante los retos planteados. Las soluciones  a la insostenibilidad del modelo energético pasan por reducir la dependencia de la economía de los combustibles fósiles y las emisiones de GEI. Para ello existen fundamentalmente dos grandes bloques de medidas:

  • Soluciones de demanda: consisten fundamentalmente en actuaciones encaminadas a mejorar la eficiencia energética (ver Eficiencia energética y su potencial), fundamentalmente en los usos finales – reduciendo el consumo energético en iluminación, calefacción y refrigeración, desplazamientos, etc.
  • Soluciones de oferta: suponen la creciente implantación de tecnologías que permitan la descarbonización del mix energético, siendo predominantes las actuaciones encaminadas a fomentar las energías renovables, la energía nuclear y la captura y almacenamiento de CO2 (comúnmente se hace referencia a CAC, en sus siglas en español, y CCS, en sus siglas en inglés) (ver Tecnologías y costes de la generación eléctrica).

Tabla 1‑4. Principales soluciones al modelo energético actual y consecuencias derivadas.
Fuente: Elaboración propia.

En todos los análisis de prospectiva energética internacional, la eficiencia energética se considera la principal medida para afrontar los retos del modelo energético desde el punto de vista de la demanda (ver Eficiencia energética y su potencial). De hecho, la AIE estima que alrededor del 60% de la reducción de emisiones de GEI necesaria en el horizonte 2020 para alcanzar el escenario 450 ppm proviene de las medidas de eficiencia en usos finales como se puede observar en la Figura 1‑11. Dicho escenario, es el que contempla como necesario para limitar el incremento de la temperatura a 2C, suponiendo el desarrollo de políticas de mitigación de emisiones muy ambiciosas y el establecimiento a nivel global de objetivos de reducción de emisiones en línea con las recomendaciones del IPCC.

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Figura 1‑11. Contribución de cada opción tecnológica a la reducción de emisiones.
Fuente: World Energy Outlook 2015. Agencia Internacional de la Energía.

El hecho de que la eficiencia energética juegue un papel muy importante entre las soluciones tiene mucho que ver con las ventajas económicas que presenta en el ámbito de la mitigación del cambio climático. De hecho, tal y como aparece en la Figura 1‑12, las medidas de eficiencia energética tienen un coste marginal de reducción de emisiones negativo. Es decir, el coste de reducir una tonelada de emisiones de CO2 aplicando medidas de eficiencia energética reporta beneficios económicos netos a los agentes que las acometen. Por ejemplo, la inversión en cambio de ventanas en una residencia ofrece una rentabilidad económica derivada de los ahorros energéticos que el cliente obtiene a lo largo de toda la vida útil de la inversión.

Figura 1‑12. Coste Marginal de Reducción de emisiones para el sistema energético global.
Fuente: McKinsey.

 Junto a la eficiencia energética, el segundo bloque de medidas más importante y que destaca dentro de las soluciones de oferta, consiste en la promoción de energías renovables, que supondría cerca de un 20% de la mitigación de emisiones para 2020 (ver Objetivos de producción con fuentes renovables en la UE y en España).

Análisis de las ventajas e inconvenientes de las principales soluciones.

Eficiencia energética: como se ha visto, la eficiencia presenta importantes ventajas de cara a la solución del modelo energético. A la hora de analizar el concepto de la eficiencia energética, hay que tener en cuenta que, en términos macroeconómicos, este se asimila a mejoras en la intensidad energética[48], que depende de la estructura de la economía. Así, economías como la española (con un elevado peso de sectores muy intensivos en energía, como el sector de la construcción o el sector turismo) tendrán más dificultades para acometer ganancias en eficiencia energética frente a otros con estructuras económicas menos intensivas en energía (por ejemplo, con mayor peso en el sector de las telecomunicaciones y el I+D+i)[49] (ver Eficiencia energética y su potencial).

Es destacable también en el análisis de la eficiencia energética que, a pesar de los beneficios potenciales que reporta, ha sido tradicionalmente el bloque de medidas de la política energética donde menos se ha avanzado, lo que se ha conocido como “la paradoja de la eficiencia energética”. Detrás de este fenómeno, se encuentran fallos de mercado y barreras que limitan los incentivos a invertir en mejoras en este ámbito, tales como: precios energéticos subvencionados o que no internalizan todos los costes ambientales, dificultades para obtener financiación, costes de transacción, etc. (ver Regulación de la eficiencia energética).

Energías renovables: las energías renovables cuentan con multitud de ventajas que justifican su posición como uno de los principales elementos del cambio de modelo energético en España (ver Energías renovables: tecnología, economía, evolución e integración en el sistema eléctrico):

  • Se basan en recursos autóctonos (viento, sol…) por lo que reducen la dependencia exterior de la economía de combustibles fósiles, reduciendo los riesgos de precio y de cantidad ante posibles shocks energéticos. 
  • En general son tecnologías no emisoras de CO2.
  • Contribuyen en muchos casos a mejorar la balanza de pagos de la economía, ya que reducen la necesidad de importaciones de combustibles fósiles.

No obstante, las energías renovables también presentan inconvenientes, que aunque no deben servir de pretexto para limitar su desarrollo, sí deben tenerse en cuenta a la hora de establecer objetivos y planes

  • Tradicionalmente han sido más caras que las energías convencionales, aunque presentan importantes diferencias de costes entre ellas. Ello hace que requieran marcos de apoyo para su desarrollo. Algunas tecnologias, como la eolica o la fotovoltaica, están muy cerca de la competitividad con las tecnologias tradicionales (ver Tecnologías y costes de generación eléctrica).
  • No dotan de potencia firme, al ser intermitentes y no gestionables. Este concepto hace referencia al hecho de que en determinados momentos no están disponibles para cubrir la demanda.
  • Introducen la necesidad de inversiones adicionales en infraestructuras de transporte del sistema eléctrico, con el consiguiente coste económico para los consumidores.

Las limitaciones anteriores ponen de manifiesto la importancia de contar con marcos de apoyo eficientes y eficaces, y con energía de respaldo que esté disponible para producir electricidad cuando el recurso renovable (sol y viento) no esté disponible.

Nuclear: la energía nuclear se considera una energía de carácter autóctono. El combustible utilizado, el uranio, es una fuente energética dispersa geográficamente y ubicada principalmente en zonas políticamente muy estables (Ej. Canadá, Australia, etc.), y tiene un peso muy reducido en los costes totales, por lo que las variaciones en su precio tienen un impacto mínimo en los costes totales de esta alternativa. A estas ventajas hay que añadir la gran fiabilidad en producción, que hace que esté disponible aproximadamente el 95% del tiempo para hacer frente a la demanda de electricidad.

Sin embargo, la valoración de esta opción, también debe tener en cuenta:

  • La gran contestación social ante la opción nuclear, fundamentalmente derivada de la inquietud en materia de seguridad y los problemas en el ámbito de la gestión de residuos radioactivos.
  • Los elevados costes de inversión.
  • Las dificultades de financiación asociadas a los proyectos nucleares debido a, entre otras cuestiones, la dilatación en el proceso de construcción.

Considerando todos estos elementos, si se quiere contar con esta alternativa para hacer frente a los retos del modelo energético –tal y como plantea la AIE- serán necesarias las siguientes cuestiones básicas: estabilidad y certidumbre regulatoria, transferencia tecnológica y cooperación internacional en materia de seguridad.

Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS): el CCS consiste en la captura del CO2, surgido de un proceso de combustión, y su transporte hasta su almacenamiento a largo plazo en formaciones geológicas.

La principal ventaja de CCS consiste en que permite compatibilizar la presencia de carbón en el mix energético del futuro con los objetivos de reducción de emisiones, algo muy importante, teniendo en cuenta que el carbón es la fuente de origen fósil más económica, abundante y dispersa geográficamente. Hay que tener en cuenta que, en todos los escenarios futuros, el carbón tiene un peso importante en la producción de electricidad, especialmente en los países en vías de desarrollo.[50]

Entre las incertidumbres que se ciernen sobre su desarrollo son destacables:

  • Su elevado coste, que hace necesarios marcos de apoyo para desarrollar proyectos piloto que permitan avanzar hacia su viabilidad comercial.
  • La elevada incertidumbre tecnológica y de costes.
  • La dependencia de las particularidades geológicas de cada país a la hora de determinar las posibilidades de desarrollo.

No es esperable que el CCS tenga una contribución significativa a la reducción de emisiones de CO2, como pronto, hasta finales de la década de 2020.

[45] El escenario de referencia es aquel que plantea el mantenimiento de las políticas ambientales y energéticas vigentes, sin tener en cuenta potenciales desarrollos normativos futuros más exigentes en términos ambientales o la introducción de nuevos avances tecnológicos en materia energética.

[46] Hace referencia a la concentración de gases de efecto invernadero medida en partes por millón.

[47] El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC, en sus siglas en inglés) consiste en un grupo de científicos internacionales de reconocido prestigio que aconseja y proporciona información sobre el fenómeno del cambio climático a los responsables políticos. El IPCC no lleva a cabo investigación científica por sí mismo, pero revisa gran parte de la literatura científica relativa al cambio climático, resumiendo el “estado del arte” en los Informes de Evaluación que se publican cada cinco años aproximadamente.

[48] La intensidad energética de una economía es el cociente entre el consumo de energía y el valor de los bienes y servicios producidos (PIB). Es decir es la cantidad de energía, normalmente expresada en ktep, utilizada para producir 1.000 euros de PIB.

[49] Para un análisis en profundidad de este tema ver “La intensidad energética en los sectores productivos en la UE 15 durante 1991 y 2005: ¿Es el caso español diferente?”. Gustavo A. Marrero y Francisco J: Ramos-Real. 2008. FEDEA.

[50] Según el World Energy Outlook 2009, solo China supondrá el 65% del incremento de la demanda de carbón en el horizonte 2030.

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