El mercado de
electricidad en España, al igual que otros mercados, se organiza en una
secuencia de mercados en los que generación y demanda intercambian energía para
distintos plazos (ver Figura 1).
Figura 1. Secuencia de mercados en
el mercado ibérico de electricidad (MIBEL)

Fuente:
elaboración propia
Días, semanas,
meses e incluso años antes del momento en que la energía sea generada y
consumida, los agentes intercambian contratos con períodos de entrega de
distinta duración (anual, trimestral, mensual, etc.). Estas transacciones se realizan en los
llamados mercados a plazo (ver Formación de precios en los
mercados mayoristas a plazo de electricidad).
Al llegar al
día D-1 (un día antes de que la energía sea generada y consumida), los agentes
intercambian energía para cada una de las horas del día D en el mercado diario
organizado por el Operador del Mercado Eléctrico (OMEL – ver http://www.omel.es). Además,
ya dentro de las 24 horas anteriores al momento de generación y consumo, los
agentes pueden ajustar sus posiciones contractuales comprando y vendiendo
energía en los mercados intradiarios, también gestionados por el OMEL (ver Mecanismos de ajuste de demanda y producción).
En el muy
corto plazo (desde unas pocas horas hasta unos pocos minutos antes de la
generación y consumo) los generadores, y en algunos casos también la demanda,
ofrecen una serie de servicios al Sistema en varios mercados organizados por el
Operador del Sistema (REE). Estos
servicios son necesarios para que la generación iguale exactamente a la demanda
en todo momento, manteniendo así al Sistema en equilibrio físico y con un nivel
de seguridad y calidad de suministro adecuado (ver Mecanismos de ajuste de demanda y producción).
Por su
relevancia, esta nota se centra exclusivamente en el mercado diario.
El mercado
diario está organizado de acuerdo con lo dispuesto en la Ley 54/1997 (Ley del
Sector Eléctrico). Sus reglas de funcionamiento están recogidas en las Reglas
de Funcionamiento del Mercado de Producción.1 Está gestionado por el OMEL, entidad privada
cuya principal función es llevar a cabo la gestión del mercado y garantizar que
la contratación en el mismo se lleva a cabo en condiciones de transparencia,
objetividad e independencia.2
El mercado
diario se celebra el día anterior al de la entrega de la energía y en él
compradores y vendedores intercambian energía para cada una de las horas del
día siguiente. Así, en este mercado en realidad hay 24 productos
diferentes (energía en cada una de las 24 horas del día siguiente).3
Esquemáticamente:
• Los vendedores (generadores, importadores,
“traders”, otros intermediarios) presentan ofertas de venta y los
compradores (comercializadores, consumidores finales, exportadores,
“traders”, otros intermediarios) ofertas de compra al OMEL para
cada hora del día siguiente.
• Con estas ofertas OMEL construye las curvas de
oferta y demanda de cada hora del día siguiente.
• Del cruce de las curvas de oferta y demanda
resulta el precio del mercado para cada hora del día siguiente y se identifican
las ofertas “casadas” (las ofertas de venta y de compra que se
convierten en compromisos firmes de entrega de energía).
Figura 2. Esquema del funcionamiento
del mercado diario de OMEL

Fuente: elaboración
propia
En general,
existen dos tipos de mercados en función de cómo se forma el precio en los
mismos:
• Mercados “pay-as-bid”, en los que un generador recibe exactamente el
precio que él ha ofertado.
• Mercados marginalistas, en los que todos los generadores casados reciben
un mismo precio, el cual se determina por el cruce de las curvas de oferta y
demanda.
A pesar de las
diferencias en cuanto a cómo se forma el precio, la teoría económica muestra
que en ambos tipos de mercados (“pay-as-bid” y marginalistas)
se obtienen los mismos resultados (es decir, mismos precios y cantidades)
siempre que funcionen correctamente.
En España, el
mercado diario pertenece al tipo marginalista. En este tipo de mercados, la oferta de un
generador representa la cantidad de energía que está dispuesto a vender a
partir de un cierto precio mínimo.
Así, las ofertas competitivas de un generador reflejan:
• En cuanto a la cantidad, las restricciones
físicas a las que está sujeta su instalación (por ejemplo, la potencia
disponible, la potencia mínima a la que ha de operar la central para que la
misma sea estable y segura ó mínimo técnico, la disponibilidad de combustible
o de agua embalsada, la rapidez con la que pueden incrementar su producción
entre una hora y la siguiente, etc.). Es importante destacar que las Reglas del
Mercado obligan a las instalaciones de generación a ofertar toda su capacidad
disponible a lo largo de toda la secuencia de mercados (ver Figura 1).
• En cuanto al precio ofertado, éste refleja el coste de oportunidad que le supone generar electricidad:
Es importante
resaltar que coste de oportunidad no es lo mismo que coste variable. Bajo un comportamiento racional y eficiente, las
ofertas de los generadores no deben reflejar sus costes variables sino los de
oportunidad. 4 Esto es fácil de entender mediante los
siguientes ejemplos:
• Para un generador térmico, el coste del
combustible es un coste variable. Si el
generador puede revender dicho combustible a un tercero, entonces consumir
dicho combustible tiene un coste de oportunidad que deberá incorporar en su oferta
al mercado eléctrico. Este coste de oportunidad no es el precio al que se adquirió el combustible, sino el precio al
que puede revenderlo (si existe un mercado para el combustible, el precio del
combustible en dicho mercado en el momento en que es consumido para producir
electricidad). Por el contrario, si el generador no tiene la posibilidad de
revender el combustible a un tercero (p.ej., por cláusulas restrictivas en el
contrato de aprovisionamiento), entonces dicho combustible no supondrá coste de
oportunidad alguno y, por tanto, no debería incorporarlo en su oferta al
mercado eléctrico.
• Para un generador hidráulico con embalse, consumir el agua para producir electricidad no
supone coste variable alguno, pero sí un coste de oportunidad. Esto es así porque, gracias al embalse, el
generador tiene la posibilidad de consumir el agua en otro instante futuro en
el que el precio del mercado sea mayor.
Luego aunque el coste variable del agua es nulo, no lo es su coste de
oportunidad (igual al precio esperado del mercado eléctrico en un el horizonte
de posible utilización del agua embalsada), el cual el generador incorporará en
su oferta al mercado eléctrico.
De hecho, el
que los agentes construyan sus ofertas a partir de sus costes de oportunidad es
lo que hace que el mercado sea un mecanismo de asignación eficiente (es
decir, utilización óptima de los recursos disponibles). Esta asignación eficiente no se lograría si
las ofertas reflejaran los costes variables.
Sin embargo, en ocasiones se aducen equivocadamente
problemas de competencia debido a la confusión entre los conceptos de coste
variable y coste de oportunidad.
Efectivamente, para evaluar si la oferta de una central es competitiva,
no es correcto compararla con el coste variable (contable) estimado para dicha
central. Como se ha explicado, la
oferta competitiva de un generador será aquella que refleje su coste de
oportunidad, ya que es esto
lo que hace que el mercado sea un mecanismo de asignación eficiente. Por tanto, evaluar si la oferta de una
central es competitiva comparándola con el coste variable estimado de la misma
es claramente erróneo.
Es importante
destacar que los generadores no incorporan a sus ofertas al
mercado diario sus costes fijos
(amortización de la inversión, parte fija de los costes de operación y
mantenimiento, etc.) al no ser estos costes de oportunidad. Esto es así porque, en el momento de realizar
la oferta, no existe la posibilidad de evitar incurrir en ellos (son independientes
de que se genere o no). Evidentemente,
esto no significa que los generadores no deban recuperar sus costes fijos. De hecho, si la expectativa fuera no
recuperarlos, entonces nadie invertiría, lo cual tendría un claro efecto
negativo sobre la seguridad del suministro (ver Inversión y seguridad de suministro en un mercado liberalizado).
La recuperación de los costes fijos se produce a través de dos vías
complementarias:
a)
Margen
del mercado
El margen
del mercado es la diferencia entre el precio del mercado recibido y los
costes variables incurridos (como ya se ha expuesto, diferentes de los costes
de oportunidad con los que se construyen las ofertas).
Si los costes fijos se recuperasen únicamente a
través de este margen (lo que se conoce como “mercado de sólo energía”),
entonces la capacidad de generación disponible sería necesariamente menor
que la demanda máxima. Esto implica que en unas pocas horas/año:
• al no haber suficiente capacidad de generación, no
todos los consumidores son totalmente abastecidos; y
• el precio del mercado es varios órdenes de
magnitud mayor que la oferta de una central de punta (entre 10.000 y 20.000
€/MWh – ver Contribución del sector eléctrico a la sociedad), ya que refleja el valor que para los
consumidores tiene el suministro eléctrico (ver Figura 3).
Es posible que para un regulador no sea aceptable tener un cierto
número de horas al año en las que a) no todos los consumidores son abastecidos
y b) el precio del mercado es muy elevado. En este caso, y con el objetivo de
reducir (o incluso eliminar) el número de horas al año en las que hay déficit
de capacidad y precios muy elevados, el regulador puede optar por introducir pagos por capacidad.
Figura 3. En un “mercado de
sólo energía”, ¿cuál es el equilibrio, exceso o déficit de capacidad?

Fuente:
elaboración propia
b)
Pagos
por capacidad
Los pagos por capacidad son
ingresos regulados que reciben todos
los generadores y que se determinan a
partir del coste fijo de una central
de punta. Este pago reduce
la parte de coste fijo que las centrales han de recuperar mediante el margen
del mercado, lo que hace que:
• El número de horas al año de déficit de capacidad
necesarias para recuperar el coste fijo sea menor (relación entre el
coste fijo neto del pago por capacidad y el precio de escasez).
•
La inversión en nueva capacidad de generación será
mayor, al haberse reducido el número de horas al año de déficit de capacidad
necesaria para recuperar el coste fijo.
Adicionalmente, en algunos mercados existe un tope al precio del mercado
impuesto por el regulador. En el caso del mercado español, dicho tope existe y
tiene un valor de 180 €/MWh (no se pueden realizar ofertas por encima de
este valor). Dado que al existir este
tope el precio no puede llegar a reflejar la escasez, el pago por capacidad
ha de elevarse con el objetivo de cubrir la diferencia entre el tope y el
precio de escasez. En caso
contrario, no será posible recuperar los costes fijos, lo que hará que se
detraiga la inversión hasta que en el mercado haya un número de horas de
déficit de capacidad (en las que el precio será igual al tope) tal que permita
la recuperación de los costes fijos.
Evidentemente, esto implica una menor seguridad de suministro.
En el extremo, si el pago por capacidad fuera exactamente igual al coste
fijo de la central de punta (es decir, todo el coste fijo se recuperara con el
pago por capacidad), entonces:
• No sería necesaria ninguna hora de déficit de
capacidad – el precio del mercado lo fijaría siempre el cruce entre la
oferta y la demanda, incluso en valores muy elevados de precios.
• Dado que la recuperación del coste fijo estaría
asegurada, habría una fuerte disposición a invertir, resultando eventualmente
un significativo exceso de capacidad, siendo incluso necesario que el regulador
impusiera limitaciones a la construcción de nueva capacidad de generación.
Para un mayor detalle sobre inversión, seguridad
de suministro y pagos por capacidad, (ver Inversión y seguridad de suministro en un mercado liberalizado).
Una vez que
los vendedores han presentado sus ofertas al mercado para cada una de las horas
del día siguiente, el OMEL las agrega y ordena por precio ascendente,
resultando así la curva de oferta del mercado para cada hora (ver Gráfico
1).
Esta curva refleja
de forma más o menos clara tramos o escalones que corresponden a ofertas de
centrales de la misma tecnología. A la
vista de ella, es importante resaltar nuevamente que las ofertas de los
vendedores reflejan sus costes de oportunidad, y no sus costes totales o
variables, de ahí que:
• Las centrales hidráulicas fluyentes o nucleares,
pese a sus altos costes fijos, aparecen en la parte baja de la curva al ser su
coste de oportunidad muy bajo.
• Las centrales hidráulicas regulables aparecen en
la parte alta de la curva, ya que su coste de oportunidad es muy alto (tienen
la opción de reservar el agua para producir en un instante futuro en el que el
precio del mercado sea alto).
Gráfico 1. La curva de oferta de electricidad del
mercado

Fuente:
elaboración propia
Las ofertas de
los generadores en el mercado diario deben
cumplir con los principios de la Ley de Defensa de la Competencia
(ver Competencia y poder de
mercado). Por ello, tanto la disponibilidad de las
unidades de generación como los precios ofertados por ellas están sujetos al
escrutinio de las instituciones de supervisión del mercado.
La Ley del
Sector de Hidrocarburos (Ley 34/1998) encomienda al organismo regulador de los
mercados energéticos, la Comisión Nacional de Energía (CNE), la función de
velar para que los sujetos que actúan en los mercados energéticos lleven a cabo
su actividad respetando los principios de libre competencia. Cuando la CNE detecta indicios de prácticas
restrictivas de la competencia (es decir, contrarias a la Ley de Defensa de la
Competencia, Ley 16/1989), debe ponerlo en conocimiento de la Comisión Nacional
de Competencia (CNC) para que ésta analice los hechos.
Adicionalmente,
la CNC puede también por sí misma iniciar investigaciones ante indicios de
comportamientos anticompetitivos en el mercado eléctrico.
Los
consumidores finales suelen clasificarse en función de la magnitud de su
consumo y del fin para el que utilizan la energía. Se suele distinguir entre grandes
consumidores industriales (por ejemplo, las grandes industrias –
metalúrgica, cerámica, etc. – o el transporte ferroviario), consumidores
de tamaño medio en sectores industriales y de servicios y, finalmente, pequeños
consumidores conectados a las redes de baja tensión (como los domésticos y los
pequeños negocios) (ver El mercado minorista de energía eléctrica).
La demanda de
energía eléctrica de los distintos tipos de consumidores depende, en el corto
plazo, fundamentalmente de dos factores: (a) si el día es laborable o festivo,
y (b) de la temperatura.5
La participación de
los distintos tipos de consumidor en el mercado depende de la modalidad de
suministro a la que estén acogidos (”Suministro de Último Recurso”
o “mercado liberalizado” – (ver El Suministro de Último Recurso (SUR)).
• Bajo la modalidad de Suministro de Último Recurso
(SUR) (actualmente sólo accesible a potencias contratadas iguales o menores de
10 kW), los consumidores participan indirectamente en el mercado – lo
hacen a través del Comercializador de Último Recurso (CUR) que hayan
escogido. Este es el agente encargado de
estimar la demanda de sus consumidores y, consecuentemente, realizar en el
mercado las ofertas de compra de energía que sean precisas (ver Las subastas de energía para el Suministro de Último Recurso (CESUR)).
• La mayoría de los consumidores en el mercado
liberalizado participan indirectamente en el mercado – lo hacen a través
de su comercializador. Éste ofrece unos precios (fijos o semifijos) adaptados a
las preferencias de cada consumidor.
Al igual que
en el caso de la curva de oferta, la curva de demanda también tiene tramos en
los que indirectamente se agrupan determinados tipos de consumidores, como
muestra el gráfico 2.
• Los CUR y muchos comercializadores suelen ofertar
al máximo precio permitido (180 €/MWh). La razón de este proceder es
asegurar que los consumidores tendrán la energía que demandan (es decir,
asegurar que serán abastecidos). Evidentemente, esto no significa que pagarán
dicho precio – pagarán el que resulte de la casación en el mercado.
• Una parte limitada de los consumidores sólo están
dispuestos a tomar energía si su precio es menor o igual a un cierto valor (el
cual reflejan en sus ofertas al mercado). Son éstos consumidores que tiene la
posibilidad de adaptar su consumo a los precios del mercado (p.ej., algunos
consumidores industriales o generadores hidráulicos de bombeo consumen
electricidad preferentemente en los períodos de precios bajos). En la curva de
demanda del mercado, estos consumidores (directamente o a través de su
comercializador) representan la parte de la curva con una cierta pendiente.
Gráfico 2. La curva de demanda de
electricidad del mercado
Fuente:
elaboración propia
El precio del
mercado para la hora h del día D se determina por la intersección de la curva
de oferta y demanda de electricidad del mercado para esa hora. Este precio determina, a su vez, las ofertas
de compra y de venta que resultan casadas (es decir, la energía que se
intercambiará finalmente al precio del mercado). En cada hora, todas las
ofertas de venta (compra) que resulten casadas reciben (pagan) el precio del
mercado.
El Gráfico 3
muestra un ejemplo de las casaciones de oferta y demanda que lleva a cabo
diariamente el OMEL para cada hora del día siguiente (en este caso, la casación
realizada el día 13 de abril de 2010 para la hora 22 del día 14 de abril de
2010 – publicada en su página web).
Gráfico 3. Ejemplo de determinación del precio en
el mercado diario

Fuente:
OMEL
Desde julio de
2007, el mercado diario que gestiona OMEL es para todo el mercado ibérico
(España y Portugal, peninsulares). Esto significa que en el mismo mercado
diario (e intradiarios) participan las unidades de producción y de consumo
tanto portuguesas como españolas. El método de casación descrito anteriormente
es totalmente válido, resultando, con carácter general, en un único precio para
todo el sistema ibérico y un flujo de energía entre ambos países.
En el caso de saturación de la interconexión España-Portugal
en cualquiera de los sentidos, se ejecuta la “separación de
mercados” (o “market-splitting”), que consiste básicamente en
hacer dos casaciones separadas, una para los agentes portugueses y otra para
los agentes españoles, teniendo en cuenta la cantidad máxima de energía que
puede intercambiarse entre ambos sistemas y resultando en un precio distinto
para cada uno de los dos países.
2 Desde 2007, el mercado diario se ha integrado formalmente en la
estructura del Mercado Ibérico de Electricidad (MIBEL) en virtud de los
acuerdos entre los gobiernos español y portugués para el desarrollo progresivo
de un mercado único de electricidad en España y Portugal. Esto significa que los agentes españoles y
portugueses realizan sus ofertas en un mismo mercado.
3 El hecho de que la energía no sea almacenable hace que en realidad
el producto sea “energía en un instante concreto”. Sin embargo, con
esta definición “exacta” resultarían infinitos productos, lo cual
en la práctica no es posible. Así, es necesario un compromiso entre “lo
exacto” y “lo realista”.
En el caso español, este compromiso se concreta en establecer la hora
como unidad temporal mínima de intercambio, con lo que el número de productos
se limita a 24 (cada una de las horas del día)
4 En un mercado “pay-as-bid” los generadores
también ofertan su coste de oportunidad, aunque éste es ligeramente
diferente. Efectivamente, el coste de
oportunidad en un mercado “pay-as-bid” es igual al
máximo entre a) el precio esperado del mercado eléctrico, y b) la oferta que la
misma central haría en un mercado marginalista (suma de los costes que se
evitarían de no producir y de los ingresos a los que renuncia por producir).
Esto es debido a que no tendría sentido vender su producción a un precio menor
al de mercado. Así, el precio de mercado esperado es el mismo en un mercado marginalista
que en un “pay-as-bid”, pues funcionan las mismas centrales,
con los mismos costes de operación, etc.
Por ello, aunque las ofertas de las centrales sean diferentes, el precio
que recibe y la cantidad que produce cada central es el mismo en un mercado
marginalista que en un mercado “pay-as-bid”.
5 Cuando el plazo de tiempo se alarga, aparecen
otros factores determinantes de la demanda eléctrica, como los cambios en los
equipamientos de los consumidores o la coyuntura económica nacional.